lunes, 19 de enero de 2015

35, eso es, 35, de un momento a otro, me he plantado en los 35. Madre y ama de casa y parada. En discrepancia con una misma, viendo la necesidad de dedicarme exclusivamente a educar y formar a mi hombrecito de 6 años, o dedicar una parte de su tiempo, el de el, a acceder al mercado laboral.
Se su pone que estás justo en medio, en el que no eres una niña adolescente jovenzuela de veintitantos como antes, y aun no estás en la edad de que te llegues a considerar una mujer madura, estás ahí, en el limbo...
Si que es cierto, y yo creo que nos pasa a todas, que nos planteamos en este momento hacia donde encaminar nuestros pasos, es como cuando estás terminando el instituto y has de saber que carrera quieres hacer, bueno, yo en mi caso no he ido a la universidad, pero normalmente cuando llega el momento de decidir que quieres ser profesionalmente, estás jugando, supuestamente tu futuro laboral.
Pues ahora es un poco lo mismo, creo que rozando la cuarentena, te ves en la encrucijada, si es vuestro caso como el mío, que hay que elegir el camino. Yo dudo muchas veces, porque un niño, cuando es bebe, o tiene tres o menos años, realmente no es muy consciente de la vorágine, en la que se ve inmerso cuando su madre trabaja, si que sufre en sus carnes, los viajes, el momento del comedor, ser recogido por los abuelos, familiares, de la puerta del colegio...
Ahora con seis años, creo que es muy consciente que si su madre trabaja, le va a faltar. Yo recuerdo cuando tenia unos ocho o nueve años, que mi madre se puso a trabajar, solo unas horas un par de días a la semana por las tardes, y cuando supe que no iba a estar, me sentí tan mal, tan triste, que hasta le escribí una carta diciéndole cuanto la quería y que no quería que se pusiese a trabajar.
Quizá ese recuerdo, doloroso, vuelve a mi, en el caso inverso, me duele tener que dejar de cuidar de el, de quitarle horas a su aprendizaje, sus tareas diarias, dejarlo en manos de los abuelos, los cuales prácticamente son los educadores actualmente de nuestros hijos, tienen que saber de matemáticas, ingles, lengua, y formarlos mientras sus padres están trabajando.
Me veo en el derecho a poder cuidar de el, y poder compaginarlo con un empleo con un horario justo, que pueda dejar a una madre y un hijo, seguir teniendo esa unión y poder ayudarles en su crecimiento personal.


Las oportunidades no llegan.

Desde febrero de este año estoy inmersa en el duro mundo del desempleado. En las estadísticas no se habla del mal de uno mismo.
Cada mañana al abrir el correo y no encontrar contestaciones de las empresas te sientes, ciertamente superado. Algunos ni se molestan en decirte, srta. no es usted el candidato para este puesto, simplemente, reconocemos los silencios como respuestas negativas a nuestros sueños laborales.
¿Que me deparará el futuro?, siempre tenemos una pequeña esperanza al salir de una entrevista, yo hasta pienso poner unas velitas a San Judas Tadeo, que dice mi hermana que da buen resultado. Esque en el fondo somos tantos que aspiramos a lo mismo que esto es comparable al bote de la bono loto de esta noche, que es un premio gordo para cuantos?, uno.
La sensación es muy similar, cada semana echas la primitiva y estas viendo que no te toca.
Espero tener algo más de suerte, ciertamente, la necesidad de trabajar es económica, pero también a la vez psicológica, toda maquina necesita seguir funcionando, los coches que se pasan tiempo aparcados, a la hora de arrancarlos, en muchos casos, no lo hacen.
La necesidad de que una persona tenga algo que hacer todos los días, una rutina, no nos damos cuenta, pero cuando no la tenemos estamos perdidos.